experiencias

emi

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Yo vine a España para tener una experiencia de vida que me pudiera darme la posibilidad de utilizar los conocimientos que aprendí a lo largo de mis estudios.

El Servicio Voluntario Europeo ha significado por mí, mi primera inclusión, en el sentido literal del término. Por primera vez, he tenido que compartir un apartamento con otras personas de diferentes países y culturas, aceptar reglas comunes, compartir las tareas del hogar, etc.

Por mi parte, he aprendido a ser más independiente y hacer cosas que nunca hice antes, como por ejemplo poner en marcha una lavadora, secar la ropa, doblarla, etc.,  cosas que parecen una tontería para los demás, pero yo siempre tuve personas que lo hacían todo por mí y nunca me preocupé. Una vez aquí, le pregunté a los demás: ¿cómo hago esto? y después empecé a aprender y a hacer cosas.

También eso significa inclusión: aprender de las otras personas compartiendo conocimientos sin tener miedo. Primero pruebo, si lo consigo, muy bien, si no, pido ayuda, sin vergüenza.

Otro aspecto de la inclusión para mí es poner a disposición lo que he aprendido a lo largo de mis estudios. Soy licenciado en Traducción de textos literarios y científicos para la lengua inglesa y portuguesa. Desde 2009 he buscado un trabajo relacionado con los idiomas que conozco pero no tuve suerte, oficialmente estoy en paro porque el sistema italiano no se lo pone fácil a las personas con discapacidad.

En Avilés tengo la posibilidad de hacer talleres de conversación de inglés e italiano para jóvenes y adultos, junto con las otras dos voluntarias, Giulia y Yesim, ¡eso sí que es algo relacionado con mis estudios!

No tuve ningún problema para adaptarme a España, excepto que tuve que darme cuenta de que el español y el portugués son dos lenguas distintas y que, aunque los dos países estén cerca, no es instintivo que una persona me entienda aquí cuando hablo en portugués. Entonces me he dicho: “Bueno, estamos en España, vamos a aprender bien el español y a obtener un certificado que reconozca mi nivel”. Y así, me he presentado en Abril al examen de DELE.

Un último aspecto que me gustaría subrayar es que aquí en España tengo vida social, gracias principalmente a las personas y a utilizar una moto eléctrica para los desplazamientos, algo que nunca hice en Italia porque las calles no están tan adaptadas y no tengo casi gente con la que salir. A muchas personas les da vergüenza pasear o tomar algo con un discapacitado/a porque piensan: ¿Si mis amigos me ven, qué van a pensar?

Aquí nadie me mira por la calle sorprendido porque ando con muletas, simplemente porque la gente tiene cosas más importantes que hacer que decir: “Mira aquel chico. ¿No ves que anda con las muletas?”

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