experiencias

jam II

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“Un hombre en la estepa sin amigos es más estrecho que un dedo. Un hombre en la estepa con amigos es más ancho que la propia estepa” (Proverbio  kazajo)

No fue precisamente en la estepa kazaja sino en la campiña italiana. Pero eso sí, el JAM  II – Juventud Artística del Mediterráneo – fue un buen nexo de unión entre lo humano y lo divino durante los diez días que duró. Situada en la tórrida región Basilicata, nuestra querida masseria Zagarella fue testigo de las creaciones artísticas más dispares  que existen bajo el sol: desde canciones en idiomas inventados (uma uma he ya!) hasta los más inusitados instrumentos, reciclados deshechos de la inventiva y la imaginación. Formando una danza carnavalesca y perfectamente orquestada por el maestro Pino, elefantes de cartón, serpientes de plástico y elefantes kupa-kupa desfilaron al son coreografiado de su batuta bajo la atenta y estupefacta mirada del espectador. Atenta por la originalidad del espectáculo y estupefacta al comprobar cómo esta fuerza intercultural había podido engendrar un zoo humano tan bien afinado.

Sin embargo, en JAM II no sólo cultivamos nuestra conciencia ecológica: también sembramos las semillas del entendimiento y recogimos los frutos de la amistad. Aunque el principio de nuestra labor allí se viera amenazada por el miedo a la diferencia, el continuo diálogo intercultural floreció en nosotros y nos permitió  cortar de raíz cualquier dificultad.  Lo que empezó por innumerables “ice-breaking activities” acompañadas de largas sesiones dedicadas a la creación de materiales acabó por una gran fiesta en la que actuamos frente a un público entusiasmado.

¡Qué pena que el tiempo pase tan rápido!  – pensamos todos. ¿Quién no iba a echar de menos la inacabable fuente de energía de María? ¿El humor ácido y punzante de Javier Núñez o el sonado “tomorrow” de Juan López cuando la ocasión más lo requería? Todavía me sorprendo al tatarear con Neri el “Dicen que dicen” a golpe de guitarra o de descubrir la poesía de “Di André” junto a Lucia. Perdernos por las calles de Matera, descubrir el sabor de la tradición… La palestina de Ziad, el español de Marion, las banderas de Aleksandra, las muecas de Sante, la voz de Fatosh, el fútbol de Najeeb, el tiramisú de nuestra mamma Lucia y otros tantos recuerdos más…

En diez días aprendimos una vida entera. Lo que cuenta es la capacidad de imaginar: pintar, cantar, dibujar o simplemente crear un mundo mejor en la imaginación. Un mundo en el que los valores que vienen recogidos en las constituciones de tantos países y organizaciones extra estatales no se quedan en  papel mojado sino que sean una realidad. De esos 10 días nos llevamos la competencia intercultural, la conciencia ecológica y la creación musical pero sobretodo la humanidad de imaginar. En una sociedad que cada día se ve más avocada a la deshumanización por su frenetismo, éstos fueron diez días sin Internet, móvil, televisión, facebook, whatsapp, tablet, Ipod, Ipad, Inosequé e incluso a veces sin agua. A cambio: altas dosis de humanidad. Lecciones de humana creatividad e imaginación que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas como parte de nuestro patrimonio intangible.

Habiendo participado ya en la primera edición, puedo asegurar con total certeza que este proyecto que ha acabado, me ha cambiado para siempre. Por aquel 2009, yo era tan sólo un adolescente de 18 años que había salido de su casa hacía muy poco tiempo .Tres años después, la vida te sorprende y  ves a ese chaval – de 21 – coordinando al grupo de nuestra asociación. El proceso de crecimiento interior a nivel personal y espiritual es de un valor incalculable. Han sido esta ansia de aprender y esta pasión por imaginar lo que me han llevado a ser el representante del grupo – una responsabilidad que se me otorgó y que desempeñé con la sabida satisfacción de haberme dedicado en cuerpo y alma a algo en lo que creía firmemente.

Desde el punto de vista personal y resumiendo, éste que se cierra, ha sido un capítulo de mi vida que llevaré siempre conmigo y que deseo ver materializado en la vida de otras personas de todas las distintas formas y maneras posibles que pueda imaginar. Por nuestra parte, Nery, Juan, Diego, Javi y María  – en nombre de quienes me atrevo a hablar – el JAM II ha abierto la puerta hacia nuevos horizontes nunca antes atisbados. Se perfilan horizontes de una humanidad superior a la inmensidad de las estepas – ya bien sean kazajas, italianas o simplemente vitales.

Diego Quintanilla, representante de grupo en el Intercambio Juvenil “JAM II”

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