experiencias

desde colombia

Amandine, francesa de nacimiento, murciana por parte materna y candasina-avilesina de adopción, nos ha escrito desde Colombia para contarnos cómo le va en su proyecto de SVE. Ella es un ejemplo de lo importante que es luchar por tus sueños…

Hola,

No soy voluntaria de la organización, pero para mí Vane siempre quedará siendo mi “coordinadora de proyecto.” Busqué para irme durante varios meses a un país de América Latina, proyecto en lo cual tuve el apoyo incondicional de todas las personas de la asociación.

Pero surgió ese proyecto en Colombia, que es proyecto común a varias organizaciones de España, Italia, Francia y Holanda. Me seleccionaron, y tuve la oportunidad de irme.

El proyecto no siempre fue fácil, y es una experiencia muy enriquecedora. Empezó solo después de dos meses allá, los primeros estando dedicados a reuniones y algunas actividades puntuales. Sentí mucha frustración, sobre todo por la duración del proyecto, que de 9 meses como previsto, fue reducido a 6.

Pero después las actividades arrancaron y tuve la oportunidad de dar clase de francés a niños en un club, siendo profe. Y participar en la formación de los jóvenes en el colegio para el servicio social. Fue muy interesante, nunca había trabajado las temáticas de cultura de paz y derechos humanos, y tampoco había dado clase.

Pero surgió otro proyecto en otra región. Pregunté si me podía ir y me dejaron la oportunidad de conocer otra realidad. Aquí, soy un apoyo logístico al equipo técnico, es decir, hago lo que me dicen, cuando me lo dicen. Estoy también encargada de la sistematización de las actividades. Pronto, empezará la ultima parte que es de dar talleres de teatro en dos municipios.

Mi proyecto SVE es más un proyecto personal que “profesional”. Aquí, no entienden muy bien el concepto de SVE, y piensan que estoy haciendo práctica, y no un voluntariado. Tienes que ser flexible, y trabajar mucho más que lo previsto. No se hace mucha formación, parte del principio que es un “trabajo” y que uno sabe lo que esta haciendo. Las demás voluntarias del proyecto son todas profesionales, soy la única en no haber terminado carrera. También la diferencia de cultura se nota en el hecho que no se hace diferencia entre vida personal y vida profesional.

Toca tener paciencia, y siempre recordar la suerte que uno tiene de haber podido llegar tan lejos. Saber pasar por encima de las frustraciones y las decepciones y llevarse todos los aprendizajes posibles del proyecto… Pero no me queda, la gente es muy simpática, y los paisajes fabulosos 🙂

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