Teresa, participante en el intercambio juvenil “Stop the fire”,  nos cuenta su experiencia en Macedonia (FYROM):

Como casi todas las cosas buenas de la vida, esta experiencia surgió inesperadamente. Habíamos mandado la solicitud hacía semanas y, de repente, recibimos la esperada noticia… Éramos las personas seleccionadas para representar a España en el intercambio juvenil “Stop the fire” que se celebró en Mavrovo (Macedonia) entre los días 1 y 10 de Julio de 2012.

El grupo estaba compuesto por Lucía, Alejandro, Alberto, Carlos y Teresa, al frente de estas líneas. Pocos fueron los preparativos que pudimos realizar ya que, tras la segunda reunión del grupo, faltaba poco más de una semana para nuestro viaje. Teníamos muchas dudas acerca del mismo, pero nuestras ganas de vivir la experiencia las superaba con creces.

Partimos del aeropuerto de Asturias el 30 de Junio por la noche. Tras facturar la maleta tan solo tres minutos antes del cierre, nos convencimos de que iba a ser un viaje emocionante. Partimos rumbo a Madrid, donde nos encontramos con los fans de “La roja”, quienes rompían el silencio nocturno del aeropuerto y nos recordaban que nos íbamos a perder la final de la Eurocopa. De ahí nos dirigimos a Bergamo, una preciosa ciudad italiana cerca de Milán. Allí pasamos unas horas recorriendo las calles con nerviosismo y emoción. Al fin, llegó la hora de coger nuestro último vuelo en dirección a Sofía, capital de Bulgaria.

Una vez allí, nuestro viaje programado terminaba. Desde allí, debíamos conseguir llegar a Skopje, capital de Macedonia. Tras rechazar varios taxis “piratas” que se ofrecían a llevarnos, nos decidimos por coger un taxi “normal”. Pocos eran allí los que hablaban inglés y, como no podía ser de otra manera, nuestro conductor tampoco. Pero gracias a él nos dimos cuenta de que el lenguaje universal está a la orden del día. Con él, conseguimos comprar una sandia para paliar nuestra sed, pasamos gran nerviosismo en los cruces y adelantamientos y tuvimos un viaje de lo más entretenido. Al fin, conseguimos llegar a Skopje, donde pudimos ver el final de la Eurocopa junto con el recién conocido equipo Italiano.

A las 3 de la mañana, y tras 28 horas de viaje, llegamos a Mavrovo, un precioso pueblo a orillas de un lago que lleva su nombre, situado en un parque natural y conocido por su estación de esquí. – Estamos en el fin del mundo- decía Carlos al bajarnos del coche. Aquel día todo estaba oscuro, pero al día siguiente nos dimos cuenta de que ese fin del mundo era perfecto. Verdes montañas, el inmenso lago, la calma y el calor nos amenizaron durante todo el viaje. En seguida comenzamos a conocer a los integrantes de los demás países: Italianos, Búlgaros, Serbios, Rumanos, Croatas, Bosnios y Macedonios.

Pasamos los días entre juegos, dinámicas de grupo, presentaciones interculturales y conferencias, por lo que pudimos conocernos bien y darnos cuenta de que, pese a la distancia, las diferencias entre nosotros no eran tantas. Hicimos grandes amigos y volvimos a descubrir esa pizca de competitividad que sentías hacia años cuando tenias que jugar contra alguien, aunque tu premio fuera solamente un aplauso. También descubrimos que todos los integrantes de los países de los Balcanes se entendían entre sí, además de entendernos a nosotros gracias a las telenovelas, lo que nos hacía pensar en el hecho de que nosotros no pudiéramos entender ni una sola palabra de lo que ellos decían.

Pero donde de verdad destacábamos los españoles era en las noches nacionales, donde cada grupo hablaba sobre su país y compartía con los demás sus platos y  bebidas típicas. Allí también descubrimos algo que todos ellos tenían en común: la rakia. Ésta es una bebida procedente de la uva, que cada país balcánico realiza de una manera (caliente, con frutas, con sal…) pero, a nuestro juicio, todas ellas intragables. Al finalizar cada exposición nacional, comenzaba el baile y los juegos. En ese momento es cuando todo el mundo aclamaba nuestra sangría y nuestros bailes. Perdimos la cuenta de cuantas veces bailamos la macarena, algo que no importaba viendo la emoción en sus caras al intentar seguir nuestros pasos.

Al finalizar el intercambio, muchos fueron los amigos que dejamos a 3000 kilómetros de distancia y muchas también las anécdotas por contar, las cuales me llevarían demasiadas páginas y serían difíciles de entender porque como dice Lucia “si no lo vives, ya no es tan gracioso”

A modo de resumen, puedo decir, y creo que hablo en nombre de todo el grupo, que todos llevamos un trocito de Macedonia con nosotros y que ésta ha sido una experiencia inolvidable y difícil de superar que nos ha hecho crecer como personas y deshacernos de esos dichosos prejuicios que muchas veces se nos meten en la cabeza y que la mayoría de ellas no son más que invenciones o exageraciones de la realidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s